El trabajador es una pieza social de difícil readaptación si tiene la mala suerte de desengancharse del ámbito laboral. Porque cuando toma la decisión de ponerse en marcha después de una inactividad, nada será igual como lo dejó, los códigos que se manejaban entonces ya serán obsoletos y, probablemente, la vertiginosa transformación no permita reeducarse para la reinserción.

El trabajador y su compromiso con las tareas

© Kzenon – Fotolia.com

El campo laboral es un ámbito en constante evolución, las empresas y los trabajadores conforman un entramado contractual cada vez más fácil de identificar. A mi entender, esta sociedad ha alentado dos perfiles bien visibles, como son los especialistas y los no especialistas. Lógicamente los analistas de las ocupaciones laborales podrán identificar más rasgos intermedios, pero al no ser ese el objetivo de este artículo, nos referiremos exclusivamente a estos dos sectores.

Especialistas. Son profesionales ampliamente capacitados en torno a una única área de trabajo donde se desempeñan, invirtiendo todo su esfuerzo en conseguir dominarlo hasta el más mínimo detalle. Así pues, pasan a integrarse en la naturaleza misma de sus tareas profesionales, lo conocen con tal exactitud que son capaces de manejarse con la mayor eficacia, de introducir cambios o proponer ajustes para mejorar las prestaciones de sus puestos de trabajo. Este compromiso casi espiritual con el entorno profesional es ampliamente valorado por las empresas y, en muchos casos, son éstas mismas las que financian la continua formación de sus trabajadores especialistas. Visto desde un punto de vista de eficacia, este parece ser un camino indiscutible que debe seguirse para trabajar.

Pero, de repente surgen algunas preguntas. ¿Qué pasa cuando el especialista pierde su plaza en la empresa donde ha empleado todo su esfuerzo? ¿Cuál es el camino a seguir? Si no consigue un puesto de trabajo similar en otras empresas, con tareas semejantes al que ha venido desempeñando ¿Qué decisión debe tomar?

No especialistas. Es la red de trabajadores medios que ha sobrevivido al mercado manejándose en diversas tareas no profesionalizadas. Debe entenderse bien esta definición, no se trata de trabajadores inhabilitados para ejercer sus labores, sino de personas que no han podido o no han tenido la oportunidad de acceder a ese selecto grupo de profesionales formales, lo cual le ha obligado a combinar varias ocupaciones de perfiles diversos en infinidad de empresas que los han acogido sin mirar sus titulaciones formales. Muchos les denominan trabajadores de todo, profesionales de nada. Esta característica no les quita ningún mérito a la hora de desempeñarse con suma habilidad en cometidos que requieren una educación formal, de la que ellos carecen. Algunos incluso son muchos mejores y más hábiles a la hora de ejercer el trabajo, pero nunca obtendrán el reconocimiento formal, porque no tienen la titulación para merecérselo.

Mientras los especialistas invierten tiempo y dinero para mejorar en el manejo de sus funciones, éstos aplican experiencias empíricas ejerciendo de forma invisible las mismas tareas. Nadie es mejor ni peor para lo que nos interesa valorar, porque al ser escupidos por el mercado laboral quedan en las mismas condiciones de desamparo.

Una vez se ha destruido el puesto de trabajo donde los dos perfiles han estado desempeñándose durante su etapa laboral, llega el momento del encuentro. Los dos se encuentran buscando nuevo empleo. ¿Algunos de ellos tendrá mejor opción? Probablemente no. ¿Algunos de ellos estará más condenado al fracaso debido a su perfil? Probablemente no. Los dos tienen las mismas posibilidades, solamente deberán escudriñar en sus propias estructuras de conocimiento y experiencia para brindar al mercado lo que mejor pueden ofrecer. Por extraño que parezca, todo vuelve al mismo punto: uno mismo. En esta vida, laboral, no existe mayor riqueza que la fortaleza personal derivada de la acumulación de experiencias y conocimientos y, por encima de toda representación legal, el compromiso que se adquiere con la tarea encomendada.

Robertti Gamarra

 

es empresario y escritor. Editor del blog Interés Productivo.  Es especialista en crear iniciativas de innovación en el ámbito del emprendimiento empresarial. Actualmente Director General de Cuenta Límite.

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