En esta vida todos suponemos que una dosis de suerte es imprescindible para llegar al objetivo. Basamos nuestros argumentos en la creencia que de no vale de nada tener la mejor idea del mundo si no se cuenta con la suerte de presentarla a la persona adecuada o en el foro adecuado. Pero no debemos engañarnos, la suerte no es una energía que flota en el aire esperando posarse en alguien para colocarlo en el camino de éxito. Según entiendo, la suerte es un estado de posibilidades, fabricado por la persona, creando las condiciones adecuadas para alcanzarla. Es imposible ganar un premio de la lotería sin hacerse con número antes del sorteo.

La engañosa suerte

© Sergejs Rahunoks – Fotolia.com

Cuando se pone en marcha una propuesta comercial ocurre lo mismo. Aunque se multipliquen las oportunidades delante de nuestras narices, nunca podremos aprovecharlas si no tomamos la iniciativa y predisponemos un plan para conseguirlas. Eso finalmente se llama suerte, oportunismo, previsión… como quiera llamarse. ¡Qué suerte ha tenido! Se suele escuchar muy a menudo, en referencia a alguien o algo. Pero nadie valora en su justa medida la predisposición de ese triunfador para aprovechar la oportunidad que le abre una puerta al éxito. Por norma general existe una mezquindad encubierta cuando se olvida premeditadamente el medio y se repara sólo en el resultado. En estos casos las personas actúan en beneficio de un egoísmo improductivo, con voluntad de desmerecer el logro ajeno, en detrimento de sus propias virtudes, que podrían proporcionarles infinidad de éxitos y satisfacción personal.

Cuanto más tiempo se lleva en el terreno de las iniciativas comerciales, más fundamental resulta tener una idea y que ésta caiga en las manos adecuadas, porque sólo entonces se transformará en una posibilidad real de negocio. Dicho de otra manera, ¿de qué vale tener la mejor idea del mundo si no sabemos que hacer con ella? El interés productivo es el puente por el que se debe transitar hacia el éxito. Ponerse en acción puede propiciar que la ansiada suerte se materialice haciendo realidad una idea.

No estamos hablando de inventar nada, sino de aprovechar las sinergias de empresas o personas para fundamentar una unión creativa y fructífera entorno a una actividad. Ya hemos visto que es habitual oír a alguien decir aquello de “qué suerte ha tenido”, pero pocas veces nos hemos parado a pensar que no ha sido suerte, que ese resultado no es consecuencia de ningún golpe del azar, sino de la habilidad de planificar una iniciativa considerando la tendencia del mercado en el momento preciso, estando atento a los cambios, teniendo un plan, una idea, predisponiéndose a arriesgar a cambio de conseguir resultados.

Al fin y al cabo aquellos que llegan en lo más alto de su sector han tenido la capacidad de proponer al mercado lo que mejor de adapta a sus demandas, a sus necesidades, escogiendo juiciosamente el momento y el lugar. Si todo eso se hace con criterio y valentía, la suerte habrá obrado milagros para ponernos en lo más alto.

Robertti Gamarra

 

es empresario y escritor. Editor del blog Interés Productivo.  Es especialista en crear iniciativas de innovación en el ámbito del emprendimiento empresarial. Actualmente Director General de Cuenta Límite.

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