Introducción

La pregunta que aborda esta entrada aparenta, al menos en principio, ser sencilla: ¿cómo puedo juzgar la calidad de una traducción? Sin embargo, cuando se trata de un idioma que no es el tuyo, las cosas se complican. Imaginemos el siguiente escenario: necesitas remodelar parte de tu casa y contratas a un albañil que encuentras en la guía telefónica y que se compromete a encargarse de todo (y por un buen precio, por supuesto). Viene y, con la ayuda de su cuadrilla, termina el trabajo en dos o tres días. Cuando lo revisas, a primera vista no se ve mal, pero al mirar con más detenimiento, ves que el yeso de las paredes ha quedado sin suficiente consistencia, la pintura se ve irregular con goteos y, por si eso fuera poco, el interruptor de la luz está torcido. Dejando de lado si el albañil fue inescrupuloso o no estaba bien cualificado para el trabajo, lo importante es que tú puedes ver y reconocer estos defectos con tus propios ojos. Sin embargo, cuando se trata de asegurar la calidad de una traducción hacia un idioma que no es el tuyo, no tienes esta competencia. Por eso en esta entrada te presento cinco ideas para conseguir buenos resultados.

La calidad de una traducción: cinco consejos si el idioma de destino no es el tuyo

1. Seamos humildes, reconozcamos nuestros límites

Hace poco tuve que encargar una traducción de enorme importancia al español, y no cualquier variedad de español, necesitaba el español de España, libre de las influencias latinoamericanas que adquirí durante los años que viví en Chile. Sin embargo, incluso con más de diez años de convivencia cotidiana con el idioma español, a la hora de revisar la traducción, sentí que estaba muy lejos de mi zona de confort: ¿cómo podía juzgar si esta traducción sonaba natural y expresiva para alguien de Madrid, por ejemplo? Un gran problema.

Y no me pasa solo a mí. De vez en cuando, con mis clientes del ámbito académico, recibo una traducción de nuevo para aprobar algunos cambios sugeridos por el autor. Si bien en algunos casos es posible mejorar la redacción del texto, con frecuencia se trata de aspectos del idioma que el cliente –por muy bueno que sea su dominio del idioma de destino, en este caso el inglés– no maneja bien. De hecho, todavía recuerdo la sensación de terror que sentí cuando me enviaron las pruebas de un artículo que había traducido junto con la anotación: «¡listo para imprimir!». La persona que había revisado el texto (seguramente con muy buenas intenciones) había introducido una cantidad preocupante de errores gramaticales.

¿La lección? Seamos humildes. Si bien podemos leer, escuchar y hablar con cierto dominio en otro idioma, escribirlo, escribirlo bien e incluso escribirlo hasta poder juzgar la calidad de la redacción es mucho más difícil. Requiere un nivel muy similar no solo al de un hablante nativo, sino al de un hablante nativo que redacta bien.

2. Pon atención al proceso de la redacción

Si bien hay algunas ocasiones en que el oficio del traductor se enfrenta con el problema de cómo convertir barro en oro, no debería ser así (y, de todas maneras, la alquimia tiene sus límites). En general, cuanto mejor redactada esté la traducción, mejor será el resultado. Recordemos los pasos que forman parte de la producción de un texto y su traducción:

  1. Concepto. Definir de qué trata el texto, a quién se dirige, su propósito, y realizar la investigación y recopilación de temas.
  2. Redacción. En este paso el autor (o autores) del texto lo escribe y revisa hasta que esté conforme con el resultado.
  3. Edición. Un tercero (que no sea el autor) revisa el texto para sugerir y recomendar cambios, los cuales son aceptados o rechazados por el autor.
  4. Corrección. Otra persona corrige el texto, enfocándose netamente en eliminar imperfecciones como errores gramaticales y ortográficos.
  5. Traducción. Aquí el texto llega al traductor, quien lo traduce al idioma deseado.
  6. Revisión. El revisor (otro traductor) es la persona que, según la norma EN 15038, se encarga del «examen de una traducción respecto a su adecuación a la finalidad prevista, cotejo de los textos de origen y de destino, y recomendación de las correcciones pertinentes».

¿Ves que hay cuatro pasos antes de que el texto llegue a las manos del traductor? Si tu texto llega bien redactado y libre de errores, no será necesario perder tiempo editándolo y corrigiéndolos, y, por lo tanto, el traductor podrá canalizar toda su energía y experiencia en lo que mejor hace: traducir.

3. No subestimes la importancia de un buen revisor

¿Recuerdas el último paso en la producción de un texto que mencionamos antes? Lo primero en lo que piensan muchos clientes cuando les sugiero que otro profesional revise su texto es en el presupuesto. No obstante, si bien representa un coste adicional, hay dos razones claves por las que la revisión es una buena inversión:

  1. Seguridad: Sin excepciones, cuatro ojos ven mejor que dos. A pesar de todo el esmero para asegurar que un texto esté libre de errores, los traductores son humanos y en ocasiones puede colarse algún error. La revisión por parte de un segundo traductor profesional ofrece la mayor tranquilidad posible de que tu texto esté libre de errores.
  2. Valor agregado: Un buen revisor, con experiencia y conocimientos en el campo del texto, es para la traducción lo que los buenos editores y correctores son para la redacción: una valiosa fuente de sugerencias y recomendaciones. Se trata de una oportunidad para que otra persona pueda evaluar el texto con nuevos ojos y ayude a limar las últimas imperfecciones.

Pero, es más, si tu texto está destinado a la publicación o si se dirige directamente al público o a tus clientes, una segunda revisión no es solamente una recomendación, es un paso esencial. De hecho, trabajo con una empresa de traducción muy seria que insiste en revisar las traducciones ¡no una sino dos veces!

4. Escoge bien al traductor

Este consejo suena muy obvio, pero de vez en cuando me sorprende recibir un mail preguntando si puedo traducir un texto médico cuando yo no tengo ni la más remota idea sobre la anatomía del ser humano. En un libro muy influyente, el renombrado académico de traducción Lawrence Venuti define el concepto de simpatico (de la palabra italiana) de este modo: «el traductor no solo debe llevarse bien con el autor [o cliente], no solo debe encontrarlo simpático, sino que debe existir una identidad entre ellos». La cita subraya la importancia de que haya una conexión entre la persona que encarga o escribe el texto y la persona que lo traduce. La idea va más allá de buscar a alguien con títulos académicos, membresías y experiencia laboral (criterios que sin duda son muy importantes) para abarcar la experiencia y los conocimientos que tiene la persona en el campo de ese texto. Piénsalo así: ¿acudirías a un abogado tributario–fiscal para resolver un problema de extranjería y nacionalidad? Lo mismo sucede con los traductores: si estamos escribiendo un artículo sobre el cambio climático, deberíamos buscar a alguien que tenga interés y experiencia en este campo, ¿no?

5. Invertir tiempo en cultivar una buena relación

Como en muchos otros aspectos de la vida, una buena relación basada en la confianza y un entendimiento mutuo es fundamental para lograr el éxito. Aquí nombro los tres pilares de una buena relación con tu traductor:

  1. Consultas durante el proceso: Muestran que el traductor se está esmerando en entender y traducir bien tu texto. Incluso puede identificar problemas y errores con el texto original.
  2. Feedback al final de un trabajo: Si un traductor pide feedback, no lo ignores, escríbele algunas líneas, incluso si es solamente para decir que estás conforme con su trabajo. Como escribí en otro artículo, el feedback es muy valioso para potenciar la motivación y el compromiso que el traductor adquiere contigo.
  3. Reuniones: Quizás al principio no veas la relevancia. Incluso, una vez, cuando propuse una reunión con una de mis clientes ella me confesó que no sabía de qué quería que habláramos. Sin embargo, las reuniones crean un espacio para un diálogo más amplio sobre los aspectos más generales de la colaboración. Facilitan una mejor comprensión del contexto en que se producen y publican tus textos, además de representar una excelente oportunidad para aclarar puntos y matices que muy a menudo se pierden en la comunicación electrónica. Si un traductor te ofrece una reunión cara a cara, ¡no pierdas la oportunidad!

Como ves, la traducción es mucho más compleja de lo que muchos piensan a primera vista y más aún si no hablas el idioma de destino. Sin embargo, estos consejos demuestran que, aun así, se puede seguir una serie de pasos para garantizar la calidad de tus proyectos.
 
 
James KellyJames Kelly es traductor profesional de español a inglés desde 2009. Ayuda a sus clientes comunicarse en inglés y presentar una imagen profesional a su público objetivo. Su blog mensual en www.jcktranslation.com ayuda a entender mejor la traducción y cómo conseguir buenos resultados.
 

 

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