“Los líquenes son organismos que surgen de la simbiosis entre un hongo llamado micobionte y un alga o cianobacteria llamada ficobionte….. son organismos excepcionalmente resistentes a las condiciones ambientales adversas y capaces, por tanto, de colonizar muy diversos ecosistemas. La protección frente a la desecación y la radiación solar que aporta el hongo y la capacidad de fotosíntesis del alga confieren al simbionte características únicas dentro de los seres vivos. La síntesis de compuestos únicamente presentes en estos organismos, las llamadassustancias liquénicas permiten un mejor aprovechamiento de agua, luz y la eliminación de sustancias perjudiciales.” (Wikipedia)

Cuál debería ser la primera frase de un plan de estrategia

© contrastwerkstatt – Fotolia.com

Los líquenes nacen de la asociación de diferentes organismos vivos para sobrevivir en un medio más o menos hostil, a costa de otros, dando lugar a una nueva forma de vida. En las organizaciones, las personas que la componen tienden también a “liquenizarse” unas con otras para sobrevivir. Esta unión de fuerzas o alianzas por un bien común, se da principalmente, entre los miembros que se sientan alrededor de las grandes mesas de madera que hay en los despachos enmoquetados y tienen como fin la preservación de su propio estatus y prebendas y no la mejora y el crecimiento de la propia organización.

Hace poco participaba en un debate de “Operation Managers” en el que uno de ellos preguntaba por qué era tan fácil para los empleados acogerse a una baja por enfermedad, preguntaba también si la lealtad hacia la empresa era un concepto del pasado. La respuesta fue casi unánime por parte del resto de OM que participábamos en dicho debate: no puedes exigir lo que tú no das. Cuestiónate tus métodos y, asumiendo el ratio normal de gente caradura que tiene toda empresa, verás que si haces bien tu trabajo, no tendrás problemas con la gente con la que trabajas y la caradura irá desapareciendo.

La verdad es que fue muy reconfortante ver esa voz cuasi unánime que se alzó desde los cinco continentes y que empezaba a clamar hacia un trabajo bien hecho por parte de los que dirigen. El entonar el “mea culpa” sentado en un sillón con orejeras no es algo muy común.

Las guerras civiles que se desarrollan en muchas organizaciones dejan a un empleado normal con muy mal sabor de boca a la vez que desprotegido, generalmente porque es él el que acaba pagando los platos rotos. Mientras los directores se “liquenizan” y se mantienen firmemente anexionados a sus sillones de cuero, los empleados son despedidos con justificaciones más o menos plausibles. He visto motivos muy peregrinos, desde una Directora pidiendo un despido porque la chica no le caía bien, hasta un Director con tremenda inventiva que despidió a un miembro de su equipo que había pedido traslado porque así conseguía mermar el conocimiento del equipo al que se iba y que era del contrario al que quería eliminar. En ambos casos, las dos señoritas despedidas tenían una “hoja de servicios impecable”, habían sido puestas como ejemplo por su buen desempeño y recibido premios por ello, además tenían una familia, una casa que pagar, un coche de gama media y, lo más importante, no habían hecho nada malo, sino más bien lo contrario. Daños colaterales. Los que se quedaban tenía dos casas, dos coches de gama altísima y una cuenta bancaria con muchos dígitos y no de decimales. Unas semanas antes el director general había pedido ayuda a los empleados para salir de la crisis y había acudido a su lealtad y al amor a la empresa. Ese director general sabía de la guerra civil entre sus departamentos y consintió igualmente estos despidos con tal de mantener la paz entre sus directivos. Ésta por ti y ésta por ti, los dos en paz y no os enfadéis. ¿Somos conscientes de que cuando despides a alguien estás atentando directamente contra su familia?, sí, su trabajo es su medio de vida y el de su familia y lo estás destruyendo de la noche a la mañana. Seamos un poquito serios.

Igual que “no es lo mismo sushi que sashimi”, no es lo mismo hacer un plan de estrategia que planificar. De la misma manera, no es lo mismo Escribir los valores de una empresa que Vivir los valores de esa empresa. Los códigos de conducta que tienen las empresas le dicen al empleado cómo es el sitio en el que trabaja, las normas que debe seguir y las que le amparan. La realidad es que los códigos de conducta en muchas empresas son papel mojado, algo decorativo que queda muy bien en la sala de prensa y en la junta de accionistas, pero que al empleado de a pie no le vale para nada pues es avasallado permanentemente por quien lo escribe.

Si las empresas quieren regresar a los empleados modelo, esos que recibían una despedida tras 30 años en el mismo puesto o en la misma empresa habiendo desempeñado sus funciones con honestidad y dando ejemplo a los nuevos, deberían empezar a mirarse las entretelas de sus propios directivos y a releerse los códigos de conducta que ellos mismos escribieron. De esta forma, como hablábamos hace unas semanas, cuando pidan lealtad y apoyo a sus empleados, no recibirán una carcajada desternillante por parte de los mismos.

Das lo que recibes. El ejemplo es la única manera. Quizás los planes de estrategia podrían empezar con esta frase y no con el objetivo a alcanzar en el 2015.

 

María Gil CastañoMaría A. Gil es Ingeniero Técnico Naval, ha ejercitado su carrera profesional, en diferentes empresas del sector naval, con diferentes posiciones, lo que le ha permitido, progresivamente, alcanzar una experiencia y conocimiento del entorno nada desdeñable. En los últimos 5 años, ha centrado sus pasos y los de su equipo, en el desarrollo del mercado marino en el Sur de África y Rusia, trabajando como BMQC Manager para el grupo Barloworld.

 

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