Y tu nombre te lo da tu equipo…

Este es el título de uno de los cursos/seminarios que impartiré este año y en el que, aprovechando época estival, estoy preparando.

Tu currículum empieza en tu nombre

© Antrey – Fotolia.com

Y es que, como responsable de equipo, considero fundamental el no olvidar que si trabajas en soledad, simplemente no eres nada. Este pensamiento lo enuncié con anterioridad, concretamente cuando hemos hablado de equipos de trabajo de alto rendimiento. Y lo retomo, porque como decía un compañero que tuve “con el calor las cabezas se ponen muy mal…” y está haciendo muchísimo calor y se oye cada cosa por ahí en las terrazas de verano…

Esta semana hablaba con un ingeniero acerca de la situación de un proyecto en el que estoy metida en África, mi territorio de expansión, y la persona que trabaja conmigo, de pronto, me hacía esta pregunta: ¿por qué yo? Quiero decir, ¿por qué me elegiste a mi?, no tengo mucha experiencia, te quito tiempo, no sé mentir…, mi respuesta: porque sé que eres capaz; pero todavía no lo sabes porque eres insegura. Porque sé que quieres, pero no te han dado la oportunidad y a mi no me importa que no hayas ido todavía a ninguna parte. Porque voy a sacar de dentro de ti todo lo que hay y enseñarte que puedes, aunque sé  que me vas a detestar, y mucho, cuando te esté apretando sin ningún tipo de compasión y llevándote al límite, y me vas a poner verde, pero no me importa, porque es mi trabajo, y sé que cuando acabe tú tendrás herramientas para seguir andando tu camino y eso me encanta. Ah, y gracias por no mentir, y si lo haces procura que no me entere, si me entero, estás en la calle. No lo olvides. Fin.

Tu equipo es importante; pero si tú no defines desde el principio las reglas del juego, no vas a ir a ningún lado. Yo, ni de lejos, podría haber conseguido los pequeños logros profesionales que he conseguido si no hubiésemos trabajado todos al unísono para conseguirlos. En alguna ocasión que otra les pedí ayuda directamente: no puedo sola, de verdad, es que en esto os necesito y mucho. Y ellos me devolvieron todo lo que, parecer ser, yo les había dado. Y gracias a eso pude.

Tendemos a pensar que un signo de fortaleza es no admitir que no sabemos o que no necesitamos a alguien en un momento dado. Pensamos que como cabezas de equipo y responsables de la toma de decisiones hemos de estar solos, hacerlo solos. Construimos muros que nos alejan de las personas con las que pasamos muchas horas trabajando y que tienen perspectivas más que válidas de lo que les rodea porque no son imbéciles y que nos pueden aportar y hacernos aprender, darnos el soporte que necesitamos para tomar la decisión correcta, nos guardamos información, no exponemos claramente nuestras normas y pretendemos vivir en un estado de colegueo que no amistad que está muy de moda y que solo lleva a confusión, no nos atrevemos a pedir a nuestros equipos que periódicamente nos evalúen y nos digan nuestras propias áreas de mejora, qué necesitan ellos de nosotros para que puedan hacer mejor su trabajo, porque nos da un miedo terrible la respuesta y porque nosotros somos los “jefes”, los omnipotentes… y nada más lejos de la realidad.

Nuestros puestos requieren de asunción de responsabilidad, por eso nos pagan más que a ellos, de un trabajo previo de pensamiento, planificación, definición de roles y de visión. Pero en ningún sitio está escrito que tengamos que hacer todo eso en soledad, como si fuésemos ascetas viviendo en el desierto. Nadie dijo que seamos infalibles y que las personas que trabajan contigo estén a tu servicio. Todo lo contrario. Cuanto más solo, peores decisiones, es un tema de falta de información, conocimiento del entorno y perspectiva. Pero se nos olvida.

Pese a que está científicamente demostrado que el hombre es un ser social, cada vez más y más vivimos en “modo isla” creyéndonos el centro del universo y que todo está hecho y puesto ahí para servirnos y satisfacer nuestras necesidades, incluidas las personas que comparten nuestro espacio laboral. En su contrato no está escrito: trabajarás para ensalzar a tu jefe y llevarle al culmen de su carrera profesional sí o sí, aceptando que te trate como idiota, tomarás tus propias decisiones que se reflejarán en su ascenso profesional y lo harás de buen grado aunque sientas que te toma el pelo, te mienta, etc.

De la misma forma que el hombre necesita relacionarse, el responsable de equipo necesita ser arropado por su gente y eso requiere de un gran trabajo por nuestra parte.

Un buen equipo que te apoye te da un buen nombre en una corporación y eso cuesta, no es como el Cola Cao que te encontrabas en la mesa de la cocina antes de ir al cole y que te había puesto tu madre por amor. En este caso es el jefe del equipo el que tiene que alimentar a sus miembros con la bebida energética… y eso no hay muchas formas de hacerlo, o por lo menos yo no he sido capaz de encontrarlas. Lo que sí he encontrado es que desde los grandes filósofos griegos a los modernos pensadores amparados por un buen marketing, las reglas enunciadas siempre son las mismas, me da igual si están escritas en una servilleta o en Ética a Nicómano.

Si quieres un buen equipo, trabájatelo. Si no te lo trabajas y piensas solo en ti, podrás ser director, ganarás mucho dinero; pero cuando haya verdaderas dificultades, estarás solo y lo que trascenderá, es que tu unidad de negocio no funciona y llegará un momento en el que no podrás decir, es culpa de mi equipo, porque alguien te preguntará: ¿y tú qué haces para que funcione? Y ese día las letras doradas de tu nombre empezarán a perder su fulgor y se te comparará con otros y eso… apunta maneras.

 

María Gil CastañoMaría A. Gil es Ingeniero Técnico Naval, ha ejercitado su carrera profesional, en diferentes empresas del sector naval, con diferentes posiciones, lo que le ha permitido, progresivamente, alcanzar una experiencia y conocimiento del entorno nada desdeñable. En los últimos 5 años, ha centrado sus pasos y los de su equipo, en el desarrollo del mercado marino en el Sur de África y Rusia, trabajando como BMQC Manager para el grupo Barloworld.

 

 

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