La carta de despido es el instrumento que utilizas habitualmente para notificar a tus trabajadores que deseas extinguir tu relación laboral con ellos. Al contrario de lo que muchos opinan, no es obligatoria. Aunque el Estatuto de los Trabajadores establece que el despido debe establecerse de forma escrita, la jurisprudencia ya ha admitido el despido verbal como práctica.

Cómo afrontar el despido de un empleado utilizando la carta de despido

© Gina Sanders – Fotolia.com

Como empresario, no es recomendable que utilices el despido verbal, aunque pueda resultarte más cómodo o menos violento, al realizarse de forma más informal. El problema que te supone un despido verbal es que, si el empleado te denuncia, tienes todas las de perder, pues acostumbra a ser declarado improcedente.

Teniendo esto en cuenta, utiliza siempre una carta de despido para notificarlo a tus trabajadores.

Cómo entregarla al trabajador

Elige un momento en que podáis tener una conversación sin interrupciones. No puedes – o no debes – entregar la carta de despido así sin más. Ponte en su lugar. Normalmente cuando se produce un despido el trabajador presiente que sucederá, pero es su derecho, y tu deber, darle las explicaciones suficientes para que entienda el motivo de su despido. Además, si lo haces bien, te ahorrarás disgustos posteriores.

Es una tendencia habitual realizar los despidos en viernes. De esta forma el empleado tiene dos días para reflexionar sobre la situación, y el impacto que produce en el resto del equipo también es menor.

La conversación del despido

Sea procedente o improcedente, a nadie le gusta la sensación de rechazo que supone el ser despedido de una empresa. Es una situación poco agradable para ambas partes, donde tienes que comunicarle a alguien que ha formado parte de tu equipo que ya no deseas contar con sus servicios. Los motivos más habituales suelen clasificarse en uno de estos dos grupos:

    • El trabajador no cumple con tus expectativas: con lo cual tienes que enfrentarte al mal trago de explicarle las razones y realizar una crítica de su trabajo. En este caso lo mejor es atenerse a las razones objetivas que motivan el despido, sin entrar en cuestiones personales. Aquí pueden ayudarte los índices de productividad, revisar el cumplimiento de los objetivos establecidos al inicio de la relación laboral o la actitud con aspectos objetivos como el respeto al horario, los conflictos con otros compañeros o la satisfacción del cliente. Si tu empleado es profesional, hará un ejercicio para asumir su parte de responsabilidad y la cosa no irá a mayores. En este sentido, siempre es mejor terminar una relación de forma positiva; nunca sabes si un día este empleado será tu cliente, por ejemplo. Acércate a este momento con humildad y aprovecha para preguntarle qué podrías haber hecho tú mejor, cómo podrías haberle motivado o haber utilizado mejor su potencial. De esta manera, transformarás una situación negativa de entrada en un aprendizaje para ambos.
    • Por circunstancias económicas te ves obligado a prescindir del trabajador: esta situación es casi más difícil para ti que para tu empleado, pues al hecho del despido tienes que sumar que las cosas no van bien en tu empresa, lo que seguramente te estará produciendo estrés. En estos casos no hay mucho que hacer, más que demostrar a tu empleado las razones económicas que conllevan a su despido. Muéstrale los números; cuánto cuesta él a la empresa, cuánto produce, cuánto han descendido las ventas… De nuevo, busca razones objetivas. Aquí lo tendrás más fácil.

 

EEF_Ana_CalzadaAna Calzada, periodista y especialista en comunicación para Pymes y Empresas. Es colaboradora de diversos blogs relacionados con este tema, como Blogoempresa y redactora en Eaeprogramas.es/Empresa-familiar, del que es la redactora principal. Además, ha colaborado como formadora con escuelas de negocios como ENyD (Escuela de Negocios y Dirección de Madrid) y como asesora de varias empresas de nuestro país.

 

 

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